Las manecillas del reloj parecían danzar al ritmo de un vals meloso, tardaban tanto en avanzar… Ahí estaba yo Marco Casinas, rindiendo mi declaración con respecto a cómo había encontrado aquella mañana al profesor S. Andrade.
El día amaneció gris, nublado como pocas veces, gris como en esos días en que la melancolía da fuertes giros en el aire acariciando las mejillas de las personas.
Llegué corriendo como de costumbre, intenté abrir la puerta pero estaba cerrada con llave por dentro, después de tocar un par de veces sin recibir respuesta decidí entrar por la ventana.
¡Vaya que sorpresa encontrar al miserable hombre tumbado debajo del escritorio!
Bien no había sangre en el cuerpo del profesor ni cerca de él, no había señas de disparos, estrangulamiento ni algo por el estilo, tales motivos me llevaron a creer que había muerto por causas naturales. De no ser por lo que encontre bajo su brazo.
El día amaneció gris, nublado como pocas veces, gris como en esos días en que la melancolía da fuertes giros en el aire acariciando las mejillas de las personas.
Llegué corriendo como de costumbre, intenté abrir la puerta pero estaba cerrada con llave por dentro, después de tocar un par de veces sin recibir respuesta decidí entrar por la ventana.
¡Vaya que sorpresa encontrar al miserable hombre tumbado debajo del escritorio!
Bien no había sangre en el cuerpo del profesor ni cerca de él, no había señas de disparos, estrangulamiento ni algo por el estilo, tales motivos me llevaron a creer que había muerto por causas naturales. De no ser por lo que encontre bajo su brazo.
- ¿Un Diario?- exclamé
Tomé el diario y salí dirección a mi oficina, asegurándome que nadie hubiera percatado mi fechoría. Así fue como durante varios días me dedique a leer el Diario del Profesor el cual contenía lo siguiente:
Martes 23 de Agosto de 1989
El trabajo ha sido agotador estos últimos días, no encuentro momento para poder dormir a gusto sin preocupaciones. Los estudiantes cada vez se vuelven más exigentes con su enseñanza; me temo que ya no estoy en edad para impartir estas clases.
El cansancio me ha hecho ver visiones, seres inexistentes. Estoy seguro que sólo se trata de eso… del cansancio.
El trabajo ha sido agotador estos últimos días, no encuentro momento para poder dormir a gusto sin preocupaciones. Los estudiantes cada vez se vuelven más exigentes con su enseñanza; me temo que ya no estoy en edad para impartir estas clases.
El cansancio me ha hecho ver visiones, seres inexistentes. Estoy seguro que sólo se trata de eso… del cansancio.
Jueves 25 de Agosto de 1989
Hoy me ha llamado el director del colegio, estoy seguro que son mis últimos días como profesor de esta institución. Tantos años dedicados a la enseñanza.
A noche al recostarme pude sentir mi respiración lenta, claramente escuche que alguien paseaba alrededor de mi lecho. Quiero creer que era en la habitación contigua de donde provenían los sonidos extraños, prefiero creer que me he confundido.
Pero sé lo que he visto, esa luz rodeándome, los gimoteos cercanos a mis oídos. Tengo cierto recelo a esta situación, probablemente me he vuelto loco.
Hoy me ha llamado el director del colegio, estoy seguro que son mis últimos días como profesor de esta institución. Tantos años dedicados a la enseñanza.
A noche al recostarme pude sentir mi respiración lenta, claramente escuche que alguien paseaba alrededor de mi lecho. Quiero creer que era en la habitación contigua de donde provenían los sonidos extraños, prefiero creer que me he confundido.
Pero sé lo que he visto, esa luz rodeándome, los gimoteos cercanos a mis oídos. Tengo cierto recelo a esta situación, probablemente me he vuelto loco.
Sábado 27 de Agosto de 1989
Hoy lo supe, debo despedirme de mis años en este lugar, de mi vida obsequiada voluntariamente.
Al terminar de escribir estas palabras empacare, ahora que el curso ha terminado, no tengo más que hacer aquí.
Ayer por la noche me encontraba fumando un cigarrillo en el balcón de mi habitación, la he visto, sé que era ella. La mujer que abandone el día que preferí mi carrera, la mujer que murió sola y desamparada mientras yo mataba mi tiempo y vida en esos muchachos de la clase.
Hoy lo supe, debo despedirme de mis años en este lugar, de mi vida obsequiada voluntariamente.
Al terminar de escribir estas palabras empacare, ahora que el curso ha terminado, no tengo más que hacer aquí.
Ayer por la noche me encontraba fumando un cigarrillo en el balcón de mi habitación, la he visto, sé que era ella. La mujer que abandone el día que preferí mi carrera, la mujer que murió sola y desamparada mientras yo mataba mi tiempo y vida en esos muchachos de la clase.
Ella ha venido por mí, porque hoy es mi último día impartiendo clases.
Beth/Doc Marshall
Beth/Doc Marshall
Un relato vastante corto pero sin dejar a lado ese magnifico toque de misterio y frialdad . Muchas felicidades Doc!, yo estoy segura de que llegaras muy lejos. Un saludo y espero saber mas de usted.
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