sábado, 11 de diciembre de 2010

No abras la puerta


Ahora se que quemaste mis poemas,
Cortaste en pedazos mis fotografías;
Y todo mi recuerdo de blasfemias
Se quedó en lo que eras y no serías.

Cambiaste tu vida a lo que era mejor
Nueva casa, teléfono y amante.
¿Cómo cambiar a tu gente constante?
Pero no te culpes de sus muertes, amor.

La muerte es tan espeluznante y extraña
Pero me pregunto ¿que será morir
Con el miedo impreso en la cara?
Ojala me digas, pues lo vas a sentir.

Yo lo supe con dolor, porque te ame.
Pero este sabor a mar de tantos años
Me permitió perdonar todo tu daño.
No es mi venganza, y no habrá quien la calme

Durante aquel paseo te lo iba a decir
El mar era el perfecto testigo para la noticia.
¿Habrá sido tu temor o tu codicia?
Siempre esa duda me ha hecho sufrir

Fue un calor doloroso en mi espalda
Sin saber que fue, me hundí en el océano.
Es el cuchillo que tengo en mano
El que me dio muerte aquella tarde nublada

Ahora te diré el secreto amor mío
No es mi venganza la que explotó
No… mi deseo no asesinó
Es la venganza de nuestro hijo

Se que no era de tu conocimiento
Y por eso no eres preso de mi ira,
Es la furia de quien no nacía
Y que ahora explota en mi cuerpo

Se que tras la puerta estas encogido
Preso del miedo por esta voz podrida,
Que no se asemeja a la que recuerdas mía
Pero es el destino que haz escogido.


No abras la puerta amor mío
Es justo que sufras una muerte espantosa
Para que esta venganza que alcanzó a tu esposa
No lo haga con tu hijo.

Que aún duerme…


Octavio Arriaga

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