viernes, 31 de diciembre de 2010

Acuarela

"Estimado lector, existen historias que por más absurdas que parescan... resultan tan reales. Queda en usted creer si la que le presento a continuación lo es o no lo es"
Cuando el reloj dio la última campanada y las personas del bar gritaron “Feliz año nuevo” dio un salto no sin antes mirar las luces de la ciudad desde la azotea de aquel edificio.
El cuerpo del pintor quedo tendido entonces sobre la banqueta del estrecho callejón, no fue descubierto hasta primeras horas del día siguiente, era año nuevo, 1 de Enero de 1999.
Muchas versiones se dieron respecto al caso, aunque si alguien se interesa por la verdad, en ninguna otra parte podrán encontrarla más que aquí.

Todo sucedió en las vísperas navideñas, el pintor y su familia habían  preparado todo para festejar la Navidad; la felicidad invadía el hogar de aquel hombre quien había pasado meses dibujando un cuadro a base de acuarela para esa ocasión.
El cuadro era sin duda una magnifica pieza de sub realismo, tenía todo un enfoque de alegría, los rostros dibujados reflejaban una emoción única.
El cuadro fue colocado  en la habitación de la chimenea, donde cada noche la familia se reunía a contar que tal había estado su día.La cena se llevo a cabo como cualquier otra que se haya festejado en años anteriores, se hizo entrega de regalos e incluso se contaron historias en compañía del calor proveniente de la  chimenea, historias  sobre Santa Claus y los duendes del Polo Norte.
 En especial una que dos jovenes y talentosos escritores, habían dedicado a las fechas navideñas, está se titulaba "Navidad Explosiva".
Así fue como paso aquella noche.
A la mañana siguiente, los integrantes de esta familia pequeña se despertaron para disfrutar de un abundante desayuno, el más pequeño de los hijos quiso contemplar la obra de su padre una vez más, dispuesto se encamino hacía ella, al mirarle no pudo contener  un grito ahogado  que se quedo flotando por toda la casa.
La pintura estaba completamente desecha, la acuarela roja no estaba, en su lugar la pintura se dibujaba con rastros de sangre, el pintor miró incrédulo, observo que la sangre daba vuelta a la pintura y volteando el cuadro miro atónito lo que sus ojos leían.
“Feliz y Sangrienta Navidad”.
Cuentan que después de lo ocurrido aquella mañana, el pintor no pudo estar tranquilo, pero año nuevo se aproximaba y su actitud deprimente no mejoraba.
Los días pasaron, no comia, no hablaba, en cambio pasaba gran parte del tiempo con los ojos ausentes a traves de la ventana.
Suicidio se decidió como último veredicto.
“Diario Matutino Enero 5 de 1999
La mañana del primer día de año nuevo se suicido un pintor, dejándose caer desde un octavo piso.
Motivos aún sin aclararse”.
Eso fue lo que publico un reconocido diario de la ciudad, pero hay quienes dicen que se encontro una nota bajo su mano el día que le encontrarón sin vida.
Las fuentes aseguran que en la carta  decía el porque de la fechoria hacía su obra, una vieja amistad de ultratumba, un pacto con el señor oscuro, quien a cambio de el sufrir del viejo pintor le daba dotes de talento de los cuales en realidad carecia.
Me temo que no puedo contar más sobre esto, estimado lector, porque mientras lo hago logro observar la azotea desde donde salto aquel hombre, aclaro que no es mentira lo que mis ojos me hacen ver, una sombra que parece sonreir diabolicamente me observa fijamente.
“Diario Matutino Enero 10 de 1999
Ayer por la noche fue encontrado sin vida un escritor de suspenso".


Beth/Doc. Marshall





martes, 21 de diciembre de 2010

Navidad Explosiva

¡No abras tus regalos!… ¡Esta Navidad será muy explosiva!
Con cara triste,  sin esperanza; miraba a través del  cristal a los pequeños duendecillos, con caras molestas llevar  bolsas y  más bolsas al trineo. Ya no sabía cuántos vasos de whisky llevaba, el ver el trineo lo ponía aún más triste, este año había un nuevo integrante entre los renos y  faltaba la nariz roja del buen Rodolfo.
Una tarde aburrida del mes de marzo, como las hay muchas en el Polo Norte;  Rodolfo decidió que sería bueno dar un paseo, sin saber que esta sería la última de sus ocasionales escapadillas pues mientras se internaba  en  una pequeña tormenta de nieve, de la espesura salía un  enorme oso  blanco que pronto desgarro su garganta  y le comía.
 Fue el propio Santa quien le encontró, del cuerpo  quedaba  ya muy poco, solo la cabeza parecía rescatable, así que con dolor en el alma disparo con su escopeta al oso y llevó  la cabeza donde se propuso disecarla,pero era tanto el dolor que sentía al verla que deicidio solo conservar la nariz, la cual retoza en su habitación en un frasco con mármol.
El tiempo paso;
La víspera de noche buena estaba entrando, así que Santa se levanto y con pasos torpes y pesados,  llego a su vestidor donde  se  hallaba no su traje habitual color rojo sino uno color naranja con pompones que  era como una fusión de un payaso con un hombre de la basura.
Fue en junio cuando una refresquera  que durante muchos años lucro con su imagen decidió patentarla, esto en un principio a  Santa no le importo, hasta que el 27 de julio fue llamado por una corte en Nueva York  para informarle que  ya no podía  usar el traje rojo ni hacerse llamar Santa Claus, fueron 3 meses de litigio donde perdió mucho dinero  y la posibilidad de seguir siendo Santa, aunque no fue lo único que se fue en esos tres meses.
La puertas de su cabaña personal se abrieron, su mujer se marchaba y  el frío entro acompañado por botellas de licor, la señora Claus encontró al abogado defensor muy atractivo, harta del frío se fue con él de viaje a Hawái, no dejo ni una nota ni un motivo, pero ni las notas ni los motivos  consolarían el desgarrado corazón de Santa,  un corazón abandonado que miraba como el mundo le daba la espalda después de tanto tiempo de brindarles año tras año alegrías y regalos, todo por un refresco negro como el alma de quienes le  robaron su identidad,  su esposa y su felicidad.
La Navidad había llegado, las familias cenaban hipócritamente  y los niños ansiosos esperaban ir a la cama para recibir sus regalos al día siguiente.
El espíritu navideño real, se había perdido con los años.
Ahora Navidad solo era una palabra sin un significado decente, ahora era sinónimo de comercio, envidia, avaricia y muchas cosas más que brotaban como gusanos en la comida podrida en estas fechas decembrinas.
Nadie sospechaba lo que está Navidad ocurriría, Santa Claus tenía una sorpresa para los habitantes del mundo que habían perdido la fe y la armonía.
Una sorpresa que había preparado desde el día en que se le había prohibido usar aquel traje rojo símbolo de ilusión, desde el día en que la Sra. Claus había escapado con su abogado, sentía una rabia inmensa al ver que se lucraba con su imagen por aquella refresquera llena de mensajes subliminales y que los padres de los pequeñines les digieran a cierta edad que Santa Claus no existía, que era un personaje ficticio y que ellos daban los regalos en realidad. Le molestaba que robaran sus créditos  y estaba harto, esa navidad todos debían pagar el mal que le hacían.
El trineo salió como chispa por los aires, repleto de cajas de regalo, los duendecillos fumaban mientras reían y veían el rostro de Claus disgustado. Los primeros lugares donde se depositaron las cajas de regalo más grande fueron las empresas y almacenes de la refresquera de etiqueta roja y letras blancas, después siguieron los árboles de los hombres y adolecentes que algún día creyeron en la magia navideña y hoy dormían sin recordarla. El siguiente punto fueron los árboles familiares, se depositaron los regalos para los infantes que todo el año se portaban mal y dos o tres días antes de noche buena fingían sonrisitas alegres con tal de recibir sus regalos.
La noche de entrega fue larga, el sol comenzaba a extender sus rayos por el mundo entero, los regalos habían sido repartidos en cada hogar.
Todos los habitantes corrieron abalanzándose sobre sus regalos, que felicidad debía darles verlos tan bien envueltos con grandes moños y de tantos colores.
¡Vaya sorpresa al abrirlos! Gusanos en un carrito de control remoto, un líquido verdoso brotando de una muñeca de plástico, arañas enormes caminando sobre el juego de ajedrez, siendo esto lo menos detestable por así decirlo.
Los regalos que se entregaron en los almacenes de la refresquera contenían bombas que no tardarían mucho en explotar.
Cada regalo llevaba una nota diciendo lo siguiente:

“¡Feliz Navidad!, la última de sus navidades…”
Me gustaría contar a lujo de detalle lo que paso después de todo esto, pero creo que ya se deben imaginar lo ocurrido. Los niños destrozaron los juguetes al ver las cosas tan abominables que llevaban incluidas, recuerdo que durante semanas las amas de casa no terminaban de sacar gusanos y cucarachas de los muebles, las arañas y ratas invadieron los jardines y las plagas terminaron con los invernaderos.
Los almacenes de la refresquera explotaron dejando el refresco negro escurriendo por los alrededores. La empresa fracaso.
Santa estaba satisfecho con su trabajo, durante años había tenido que soportar toda clase de cosas y ahora una ligera sonrisa se dibujaba mientras desde el Polo Norte miraba al mundo entero llorar sus tragedias, esbozar asco y temor.
El absorbía un tabaco de los que fuman los vaqueros, pensando en tomarse unas severas vacaciones.
Al fin la Navidad había terminado… ¡Para Siempre!

Una historia de: Octavio Arriaga y Beth /Doc. Marshall

sábado, 11 de diciembre de 2010

LA BESTIA DEL DEPTO. 402

                       
Es verdad que juzgamos en los demás, lo qué muy en el fondo somos.
Al final de la historia el mejor juez es nuestra propia conciencia.
“Ese  olor detestable cubriendo todo el departamento, ese ser mirándome, gimoteando, arrastrando su cuerpecillo por toda la habitación tratando de darme alcance.”

Entré silenciosamente esbozando recelo, encendí la lámpara de la sala y caminé hasta la barra para servirme vino blanco, las manos me sudaban, podía sentir como mis piernas flaqueaban, mis ojos buscaban con suspicacia algún movimiento en el sillón raído. Encendí un cigarrillo y prendí la radio; las mismas noticias aburridas de siempre.
Algo o alguien se movió con gran habilidad, pasando de el cuarto de baño a la habitación principal, incrédulo me senté a escuchar las palabras del locutor, a mirar el techo mientras fumaba.
-      Está situación es trivial.- Me dije mentalmente.
Cerré los ojos, el sonido de un objeto de vidrio cayendo en la cocina me hizo levantarme sobresaltado, caminé lento por el pasillo hasta llegar a la cocina, de golpe abrí la puerta de esta, pero ahí no se encontraba nadie. La ventana se había abierto con una fuerte oleada del viento, azotándose contra los vasos de vidrio y moviendo el mueble donde se hallaban.
Después de recoger los vidrios, me dirigí a la sala nuevamente, me detuve ante el enorme espejo a mirar mi apariencia desaliñada.
-      Tienes un rostro impávido- aclare como tratando de darme valor a mí mismo.
Pero ¿A quién le mentía? El temor estaba carcomiendo mis entrañas.
 De pronto la vi, arrastrándose lentamente hacia mí, retorciéndose mientras ese líquido asqueroso brotaba de su cuerpo.
Ese  olor detestable cubriendo todo el departamento, ese ser mirándome, gimoteando, arrastrando su cuerpecillo por toda la habitación tratando de darme alcance.
Titubeando me acerque, con los vidrios aún en la mano y se los arroje creyendo que le harían algún mal, la bestia comenzó a reír.
Jamás escuche una risa tan macabra como la de esa cosa, de pronto unas palabras se escucharon provenientes de él, o eso, lo que fuera.
-      Me observas y jusgas como a una pesadilla, te doy asco, me aborreces. Pero te aborreces a ti mismo, pues esto que vez, es tú por dentro. No soy ninguna bestia, soy peor que eso, soy tu conciencia, tu verdugo; condenado estas a pasar tu vida cargándome en tu cabeza.-

-      Maldito – Grité abalanzándome contra la cosa, pero antes de llegar, me atrapo entre su cuerpecillo repugnante y asfixio todas mis ganas de asesinarlo.

Por ser un asesino hoy día vivo atado a esta pesadilla.

Beth/Doc. Marshall








No abras la puerta


Ahora se que quemaste mis poemas,
Cortaste en pedazos mis fotografías;
Y todo mi recuerdo de blasfemias
Se quedó en lo que eras y no serías.

Cambiaste tu vida a lo que era mejor
Nueva casa, teléfono y amante.
¿Cómo cambiar a tu gente constante?
Pero no te culpes de sus muertes, amor.

La muerte es tan espeluznante y extraña
Pero me pregunto ¿que será morir
Con el miedo impreso en la cara?
Ojala me digas, pues lo vas a sentir.

Yo lo supe con dolor, porque te ame.
Pero este sabor a mar de tantos años
Me permitió perdonar todo tu daño.
No es mi venganza, y no habrá quien la calme

Durante aquel paseo te lo iba a decir
El mar era el perfecto testigo para la noticia.
¿Habrá sido tu temor o tu codicia?
Siempre esa duda me ha hecho sufrir

Fue un calor doloroso en mi espalda
Sin saber que fue, me hundí en el océano.
Es el cuchillo que tengo en mano
El que me dio muerte aquella tarde nublada

Ahora te diré el secreto amor mío
No es mi venganza la que explotó
No… mi deseo no asesinó
Es la venganza de nuestro hijo

Se que no era de tu conocimiento
Y por eso no eres preso de mi ira,
Es la furia de quien no nacía
Y que ahora explota en mi cuerpo

Se que tras la puerta estas encogido
Preso del miedo por esta voz podrida,
Que no se asemeja a la que recuerdas mía
Pero es el destino que haz escogido.


No abras la puerta amor mío
Es justo que sufras una muerte espantosa
Para que esta venganza que alcanzó a tu esposa
No lo haga con tu hijo.

Que aún duerme…


Octavio Arriaga

martes, 7 de diciembre de 2010

¿Qué paso con el profesor S. Andrade?

Las manecillas del reloj parecían danzar al ritmo de un vals meloso, tardaban tanto en avanzar… Ahí estaba yo  Marco Casinas,  rindiendo mi declaración con respecto a cómo había encontrado aquella mañana al profesor S. Andrade.
El día amaneció gris, nublado como pocas veces, gris como en esos días en que la melancolía da fuertes giros en el aire acariciando las mejillas de las personas.
Llegué corriendo como de costumbre, intenté abrir la puerta pero estaba cerrada con llave por dentro, después de tocar un par de veces sin recibir respuesta decidí entrar por la ventana.
¡Vaya que sorpresa encontrar al miserable hombre tumbado debajo del escritorio!
Bien no había sangre en el cuerpo del profesor  ni cerca de él, no había señas de disparos, estrangulamiento ni algo por el estilo, tales motivos me llevaron a creer que había muerto por causas naturales. De no ser por lo que encontre bajo su brazo.
-          ¿Un Diario?- exclamé
Tomé el diario y salí dirección a mi oficina, asegurándome que nadie hubiera percatado mi fechoría. Así fue como durante varios días me dedique a leer el Diario del Profesor el cual contenía lo siguiente:

Martes 23 de Agosto de 1989
El trabajo ha sido agotador estos últimos días, no encuentro momento para poder dormir a gusto sin preocupaciones. Los estudiantes cada vez se vuelven más exigentes con su enseñanza; me temo que ya no estoy en edad para impartir estas clases.
El cansancio me ha hecho ver visiones, seres inexistentes. Estoy seguro que sólo se trata de eso… del cansancio.
Jueves 25 de Agosto de 1989
Hoy me ha llamado el director del colegio, estoy seguro que son mis últimos días como profesor de esta institución. Tantos años dedicados a la enseñanza.
A noche al recostarme pude sentir mi respiración lenta, claramente escuche que alguien paseaba alrededor de mi lecho. Quiero creer que era en la habitación contigua de donde provenían los sonidos extraños, prefiero creer que me he confundido.
Pero sé lo que he visto, esa luz rodeándome, los gimoteos cercanos a mis oídos. Tengo cierto recelo a esta situación, probablemente me he vuelto loco.
Sábado 27 de Agosto de 1989
Hoy lo supe, debo despedirme de mis años en este lugar, de mi vida obsequiada voluntariamente.
Al terminar de escribir estas palabras empacare, ahora que el curso ha terminado, no tengo más que hacer aquí.
Ayer por la noche me encontraba fumando un cigarrillo en el balcón de mi habitación, la he visto, sé que era ella. La mujer que abandone el día que preferí mi carrera, la mujer que murió sola y desamparada mientras yo mataba mi tiempo y vida en esos muchachos de la clase.
Ella ha venido por mí, porque hoy es mi último día impartiendo clases.


Beth/Doc Marshall


¿Dónde fueron los borrachos?

Dedicado a mi amigo Israel Guerrero y a todos aquellos con quienes he tenido el honor de compartir un trago. Salud.


Al andar en lugares concurridos es usual  ver  carteles con gente desaparecida,  ansíanos  fuera de sus cabales que salieron a pasear o que simplemente ya no recordaban quienes eran  y empezaron a caminar,  mujeres jóvenes  que en el mejor de los casos huyeron con el novio que no les dejaban tener. Niños robados o que en su inocencia se perdieron y fueron a parar quien sabe donde y con quien sabe quien.  De entre todos ellos ocasionalmente aparece uno que se fue de juerga y nunca volvió.

La puerta de la casa de Mario se abrió de golpe sonando por todo el callejón, al instante Mario salió corriendo  y gritando
-         Raaaaaaaaay, Raaaaaaaaay.
Giró corriendo a la izquierda y en un par de segundos ya estaba en casa de su amigo al cual encontró sentado frente a su puerta con rostro perdido, como de un  ebrio que despierta en  un lugar  donde nunca recuerda haber estado.
-         No mames cabrón,  tampoco hay nadie en mi casa.
Ray estaba en silencio y Mario sabia perfectamente porque. Lo único que  abarcaba la mente de su amigo en ese momento era el paradero de su hijo, ¿donde estaría su hijo?, ¿sus hermanas? Pero sobre todo su hijo.

Mario entro a casa de Ray presuroso y lo confirmo, ni rastro de persona alguna. El que una familia entera  haya salido esta justificado, quizá la preocupación por saber donde esta su hermano los haya hecho salir pero ¿dos familias fuera de casa? Y además  no estaban lejos, solo a dos cuadras de su casa. Y nunca oyeron un grito que los llamase, ni una silueta en la penumbra que buscase algo, que los buscase a ellos.
Mario miro su reloj, nuevamente  eran las 3 de la mañana,  la maldita porquería se había descompuesto. Al salir  Ray  trataba de llamar por su celular pero la desesperación  no se iba de su rostro, sin duda algo andaba mal.

-         No hay señal.
-         Carajo. Me das tu hora por favor

Ray saco nuevamente  el teléfono, y sin palabra alguna Mario sabía que hora tenía Ray al ver el gesto de  pánico que expresaba su amigo. Y cuando este en un sollozo desesperado se tiro al piso  confirmo toda sospecha… ¿Pero que diablos esta pasando?

No supieron cuanto tiempo paso, pero parecía que este solo pasaba por ellos, pues se sentían cada vez mas cansados  con más sueño, pero el frío no había mermado y la noche no se había aclarado, no hubo señal por mucho tiempo de que la oscuridad fuese a sucumbir ante un sol saliente. Anduvieron de casa en casa por todo el callejón, y en cada una solo habitaba la ausencia de cualquier ser animado. Ni sus vecinos, ni sus amigos, ni siquiera un perro, un gato o al menos una cucaracha. No había nadie ahí más que ellos dos y una botella de tequila a medio terminar.

Finalmente, después de lo que para ellos habían sido muchas horas de buscar rastro de alguien que no los oía o no estaba allí, ya no permanecían tan tensos y solo esperaban despertar de tan cruento sueño. Se detuvieron frente a la casa de doña Juana. La casa donde  nunca llegó Julio, el primer esposo de Juanita, del cual no sabían ni su existencia  y el cual había desaparecido al irse de juerga una noche cualquiera como esta.

Patearon por minutos la puerta hasta que la chapa cedió y pudieron entrar. Al principio todo parecía seguir siendo parte del macabro sueño de alguno de los dos, pero todo cambió cuando Mario, después de tan  larga noche, sintió como las tripas preparaban la evacuación de un estresante y gordo pedazo de mierda. Fue entonces que busco el baño y al entrar en el  fue tan impactante lo que encontró que solo puedo dar un pequeño grito que fue acompañado por un fuerte vomito de su  estomago débil. Allí yacía tirado al lado del retrete un cadáver viejo y apestoso que apenas podía mantenerse  unido, a un lado un espejo roto y un fragmento lo suficientemente grande para cortarse con el reposaba a un lado de lo que alguna vez fue un brazo y ahora solo era hueso con rezagos de lo que  fue en algún día carne. Sobre la tapa del retrete una botella de tequila a medio acabar. 

Ray pronto llego a auxiliar a Mario y tras el cristal de la botella de tequila se dibujo en su rostro el pánico más terrible que un hombre en la juerga puede experimentar. Y en su mente solo imagina que tal vez acabaría siendo un cartel más de los que se pueden ver en los lugares concurridos

Octavio Arriaga