martes, 7 de diciembre de 2010

¿Dónde fueron los borrachos?

Dedicado a mi amigo Israel Guerrero y a todos aquellos con quienes he tenido el honor de compartir un trago. Salud.


Al andar en lugares concurridos es usual  ver  carteles con gente desaparecida,  ansíanos  fuera de sus cabales que salieron a pasear o que simplemente ya no recordaban quienes eran  y empezaron a caminar,  mujeres jóvenes  que en el mejor de los casos huyeron con el novio que no les dejaban tener. Niños robados o que en su inocencia se perdieron y fueron a parar quien sabe donde y con quien sabe quien.  De entre todos ellos ocasionalmente aparece uno que se fue de juerga y nunca volvió.

La puerta de la casa de Mario se abrió de golpe sonando por todo el callejón, al instante Mario salió corriendo  y gritando
-         Raaaaaaaaay, Raaaaaaaaay.
Giró corriendo a la izquierda y en un par de segundos ya estaba en casa de su amigo al cual encontró sentado frente a su puerta con rostro perdido, como de un  ebrio que despierta en  un lugar  donde nunca recuerda haber estado.
-         No mames cabrón,  tampoco hay nadie en mi casa.
Ray estaba en silencio y Mario sabia perfectamente porque. Lo único que  abarcaba la mente de su amigo en ese momento era el paradero de su hijo, ¿donde estaría su hijo?, ¿sus hermanas? Pero sobre todo su hijo.

Mario entro a casa de Ray presuroso y lo confirmo, ni rastro de persona alguna. El que una familia entera  haya salido esta justificado, quizá la preocupación por saber donde esta su hermano los haya hecho salir pero ¿dos familias fuera de casa? Y además  no estaban lejos, solo a dos cuadras de su casa. Y nunca oyeron un grito que los llamase, ni una silueta en la penumbra que buscase algo, que los buscase a ellos.
Mario miro su reloj, nuevamente  eran las 3 de la mañana,  la maldita porquería se había descompuesto. Al salir  Ray  trataba de llamar por su celular pero la desesperación  no se iba de su rostro, sin duda algo andaba mal.

-         No hay señal.
-         Carajo. Me das tu hora por favor

Ray saco nuevamente  el teléfono, y sin palabra alguna Mario sabía que hora tenía Ray al ver el gesto de  pánico que expresaba su amigo. Y cuando este en un sollozo desesperado se tiro al piso  confirmo toda sospecha… ¿Pero que diablos esta pasando?

No supieron cuanto tiempo paso, pero parecía que este solo pasaba por ellos, pues se sentían cada vez mas cansados  con más sueño, pero el frío no había mermado y la noche no se había aclarado, no hubo señal por mucho tiempo de que la oscuridad fuese a sucumbir ante un sol saliente. Anduvieron de casa en casa por todo el callejón, y en cada una solo habitaba la ausencia de cualquier ser animado. Ni sus vecinos, ni sus amigos, ni siquiera un perro, un gato o al menos una cucaracha. No había nadie ahí más que ellos dos y una botella de tequila a medio terminar.

Finalmente, después de lo que para ellos habían sido muchas horas de buscar rastro de alguien que no los oía o no estaba allí, ya no permanecían tan tensos y solo esperaban despertar de tan cruento sueño. Se detuvieron frente a la casa de doña Juana. La casa donde  nunca llegó Julio, el primer esposo de Juanita, del cual no sabían ni su existencia  y el cual había desaparecido al irse de juerga una noche cualquiera como esta.

Patearon por minutos la puerta hasta que la chapa cedió y pudieron entrar. Al principio todo parecía seguir siendo parte del macabro sueño de alguno de los dos, pero todo cambió cuando Mario, después de tan  larga noche, sintió como las tripas preparaban la evacuación de un estresante y gordo pedazo de mierda. Fue entonces que busco el baño y al entrar en el  fue tan impactante lo que encontró que solo puedo dar un pequeño grito que fue acompañado por un fuerte vomito de su  estomago débil. Allí yacía tirado al lado del retrete un cadáver viejo y apestoso que apenas podía mantenerse  unido, a un lado un espejo roto y un fragmento lo suficientemente grande para cortarse con el reposaba a un lado de lo que alguna vez fue un brazo y ahora solo era hueso con rezagos de lo que  fue en algún día carne. Sobre la tapa del retrete una botella de tequila a medio acabar. 

Ray pronto llego a auxiliar a Mario y tras el cristal de la botella de tequila se dibujo en su rostro el pánico más terrible que un hombre en la juerga puede experimentar. Y en su mente solo imagina que tal vez acabaría siendo un cartel más de los que se pueden ver en los lugares concurridos

Octavio Arriaga

1 comentario:

  1. Me he quedado sin comentarios, me gusta mucho su forma de expresarse "bulgar", si me permite decirlo. Una Historia muy impactante pero al fin de cuentas muy buena. Espero acepte mis felicitaciones y un cordial saludo. Me despido esperando su proximo escrito...

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