martes, 1 de marzo de 2011

La mujer caníbal

Dedicado  a mi querida colega,  que de alguna forma inspiro el suceso que dío origen a esto


El sudor es lo que les da mejor sabor,  me encanta como sala la carne de los pectorales bien torneados.

Sin duda era su voz, y en efecto cuando mire al televisor ella estaba ahí, esposada de las manos y con un tipo armado y cubierto del rostro a cada lado, declarando mientras todos en el ministerio público quedaban en silencio. El conductor  del noticiario rompió el silencio  y la presento como la caníbal de Aragón. Había secuestrado, torturado e ingerido a al menos 10 estudiantes. Mas tarde presentarían  un especial que  nos adentraría  a la casita de los horrores de esta mujer, y en una toma, junto a un cráneo, en un rincón de su habitación, reconocería las botas rojas que tanto me gustaron la primera vez que la vi.

En ese momento mi mente  se lleno de sensaciones que hicieron  esos  instantes  bastante extraños, por un lado tristeza, por el otro, alegría, alegría de estar vivo, rebosante en la vida, aunque esta fuese una miseria,  pero vivo siempre  hay oportunidades, era feliz de que aquel día de hace  cuatro años  ella hubiera  dicho no me interesa conocerte. Feliz de algo que  me había  hecho profundamente triste, si bien es  bueno estar  vivo, también es bueno tener  una oportunidad  y ella me la negó. E irremediablemente  cruzo  por mi cabeza la idea de que por primera vez podría decirle a mi médico que  tenia un buen  motivo para estar  gordo.

Octavio Arriaga

viernes, 14 de enero de 2011

Blanco. Rojo.

Mientras la ciudad duerme, hay una melodía en el aire al mismo tiempo en que la blanca nieve desciende.

Mientras las campanillas resuenan en las casas abrigadoras, en las calles una sombra burdamente se mueve; a paso lento, observa a un abuelo recitar cuentos de Navidad a su nieto; a paso lento, huele el fresco y seductor olor de las cenas.

La sombra solo voltea, como sintiendo una vieja gloria al ver a aquellas personas; se envuelve en su gabardina gris y sigue su peregrinar nocturno.

Ya la ciudad ha quedado envuelta un manto claro y la melodía siniestra. Se supone que el viejo de rojo ya debe estar bajando por las chimeneas; se supone que los regalos ya deben estar bajo los árboles adornados tan barrocamente; se supone que los amantes deben estar en el lecho gimiendo de placer…

Dentro de toda esta algarabía, la sombra sigue y sigue; sus ropajes, arrastrándose tan pesadamente en la nieve, le dan apariencia de espectro venido del mismo Tártaro. Parece ser que no tiene objetivo alguno y que busca simplemente vagar solo. Más, ¿nosotros que podemos saber de lo que quiere?. Y es que en realidad, lleva un buen tramo siguiendo a una mujer; parece ansioso con alcanzarla, pero no lo hace.

No pasa mucho cuando, la fémina, sintiendo una tiniebla en sus delicados tobillos, aprieta el paso; la nieve  cruje con especial ahínco cada vez que  ella acelera, pero es más angustiante escuchar que la presencia de atrás se mueve con el mismo ritmo…

Súbitamente hay un ruido. Fue un disparo. Una grieta roja se abre paso entre la suave nieve. La mujer tiembla, con los ojos saltones y tartamudeando…la sombra, el sujeto que la seguía, era un pobre viejo, y, agonizando, saca una noche buena  aplastada, y dice: - feliz….¡¡¡ggg!!…Navidad hija…..-
Después de este corto diálogo, alcanza a vomitar todavía algunos hilos de sangre, solo para finalmente cerrar sus tristes ojos.

La mujer, con una boca abierta de par en par, aúlla locamente, y corre junto a los despojos del viejo. Al ver que no puede hacer nada, manotea, creando una breve lluvia de copos de nieve. Y, resignada a todo, toma el arma, diciendo entre punzantes lagrimas -Feliz navidad…-



ALDO RUIZ.

martes, 11 de enero de 2011

La última calada


Dedicado a Aida.

La magía existe de ello no tengo duda, y es la misma magía quien cruza los caminos de dsitintos individuos, aunque no siempre los ponga en sus mejores circunstancias. 

La última calada
Los golpes sonaban horrorosamente constantes, Roy tembloroso encendía su ultimo cigarrillo… sabía que el final se acercaba, pronto ellos romperían la puerta y moverían la frágil barricada que se suponía  debía protegerlo y seguirán por el pasillo hasta llegar al ultimo cuarto, ahí sería solo cuestión de tiempo el que tiraran la puerta.

En la habitación calada tras calada de su último cigarrillo Roy escuchaba tembloroso su horroroso destino. Frente a él, la sombra de lo que algún día fue una hermosa mujer se mecía  por el cuello con una soga atada a un gancho grueso de hierro que sobresalía del techo. A su lado, una fotografía de dicha mujer en los brazos de un hombre, sonrientes…felices.

Roy contemplo la fotografía mientras daba una larga calada, se pregunto el motivo por el cual aquella mujer decidió colgarse, cuanto habría sufrido, quien se habría ido de su vida tan pronto y súbitamente que no le dejo lugar a  un consuelo. Tras un punzada en el pecho lo supo, y recordó los cuatro maravillosos años que vivió al lado de Gretel, sus planes y sueños, realizados y venideros. Y visualizó un candelabro que retozaba en su habitación y que los miro tantas noches  hacer el amor, colgado en un gancho grueso de metal como del que pendía el cuerpo de aquella mujer triste.

Su pensamiento lo llevo a  lugares tan bellos de los que nunca quiso haberse despedido. Se oyó el crujir de la puerta y como la frágil barricada se iba abajo, todos aquellos  recuerdos se fueron de la misma forma que llegaron como suspiro de viento, Roy dio una calada profunda cerrando los ojos… al abrirlos hallose el cuerpo de la mujer  retorciéndose pendida del gancho, soltando graves alaridos y chorros de saliva con los brazos  suspendidos y buscando algo. A Roy se le dibujo una sonrisa y dio la ultima calada a su cigarrillo mirando a aquella mujer que revivió su pasado. La colilla dejo ir el último hilillo de humo.

Supo que era su fin, los golpes horrorosamente constantes sonaba justo encima de él.

Octavio Arriaga