¡No abras tus regalos!… ¡Esta Navidad será muy explosiva!
Con cara triste, sin esperanza; miraba a través del cristal a los pequeños duendecillos, con caras molestas llevar bolsas y más bolsas al trineo. Ya no sabía cuántos vasos de whisky llevaba, el ver el trineo lo ponía aún más triste, este año había un nuevo integrante entre los renos y faltaba la nariz roja del buen Rodolfo.
Una tarde aburrida del mes de marzo, como las hay muchas en el Polo Norte; Rodolfo decidió que sería bueno dar un paseo, sin saber que esta sería la última de sus ocasionales escapadillas pues mientras se internaba en una pequeña tormenta de nieve, de la espesura salía un enorme oso blanco que pronto desgarro su garganta y le comía.
Fue el propio Santa quien le encontró, del cuerpo quedaba ya muy poco, solo la cabeza parecía rescatable, así que con dolor en el alma disparo con su escopeta al oso y llevó la cabeza donde se propuso disecarla,pero era tanto el dolor que sentía al verla que deicidio solo conservar la nariz, la cual retoza en su habitación en un frasco con mármol.El tiempo paso; La víspera de noche buena estaba entrando, así que Santa se levanto y con pasos torpes y pesados, llego a su vestidor donde se hallaba no su traje habitual color rojo sino uno color naranja con pompones que era como una fusión de un payaso con un hombre de la basura.
Fue en junio cuando una refresquera que durante muchos años lucro con su imagen decidió patentarla, esto en un principio a Santa no le importo, hasta que el 27 de julio fue llamado por una corte en Nueva York para informarle que ya no podía usar el traje rojo ni hacerse llamar Santa Claus, fueron 3 meses de litigio donde perdió mucho dinero y la posibilidad de seguir siendo Santa, aunque no fue lo único que se fue en esos tres meses.
La puertas de su cabaña personal se abrieron, su mujer se marchaba y el frío entro acompañado por botellas de licor, la señora Claus encontró al abogado defensor muy atractivo, harta del frío se fue con él de viaje a Hawái, no dejo ni una nota ni un motivo, pero ni las notas ni los motivos consolarían el desgarrado corazón de Santa, un corazón abandonado que miraba como el mundo le daba la espalda después de tanto tiempo de brindarles año tras año alegrías y regalos, todo por un refresco negro como el alma de quienes le robaron su identidad, su esposa y su felicidad.
Una tarde aburrida del mes de marzo, como las hay muchas en el Polo Norte; Rodolfo decidió que sería bueno dar un paseo, sin saber que esta sería la última de sus ocasionales escapadillas pues mientras se internaba en una pequeña tormenta de nieve, de la espesura salía un enorme oso blanco que pronto desgarro su garganta y le comía.
Fue el propio Santa quien le encontró, del cuerpo quedaba ya muy poco, solo la cabeza parecía rescatable, así que con dolor en el alma disparo con su escopeta al oso y llevó la cabeza donde se propuso disecarla,pero era tanto el dolor que sentía al verla que deicidio solo conservar la nariz, la cual retoza en su habitación en un frasco con mármol.El tiempo paso; La víspera de noche buena estaba entrando, así que Santa se levanto y con pasos torpes y pesados, llego a su vestidor donde se hallaba no su traje habitual color rojo sino uno color naranja con pompones que era como una fusión de un payaso con un hombre de la basura.
Fue en junio cuando una refresquera que durante muchos años lucro con su imagen decidió patentarla, esto en un principio a Santa no le importo, hasta que el 27 de julio fue llamado por una corte en Nueva York para informarle que ya no podía usar el traje rojo ni hacerse llamar Santa Claus, fueron 3 meses de litigio donde perdió mucho dinero y la posibilidad de seguir siendo Santa, aunque no fue lo único que se fue en esos tres meses.
La puertas de su cabaña personal se abrieron, su mujer se marchaba y el frío entro acompañado por botellas de licor, la señora Claus encontró al abogado defensor muy atractivo, harta del frío se fue con él de viaje a Hawái, no dejo ni una nota ni un motivo, pero ni las notas ni los motivos consolarían el desgarrado corazón de Santa, un corazón abandonado que miraba como el mundo le daba la espalda después de tanto tiempo de brindarles año tras año alegrías y regalos, todo por un refresco negro como el alma de quienes le robaron su identidad, su esposa y su felicidad.
La Navidad había llegado, las familias cenaban hipócritamente y los niños ansiosos esperaban ir a la cama para recibir sus regalos al día siguiente.
El espíritu navideño real, se había perdido con los años.
Ahora Navidad solo era una palabra sin un significado decente, ahora era sinónimo de comercio, envidia, avaricia y muchas cosas más que brotaban como gusanos en la comida podrida en estas fechas decembrinas.
Nadie sospechaba lo que está Navidad ocurriría, Santa Claus tenía una sorpresa para los habitantes del mundo que habían perdido la fe y la armonía.
Una sorpresa que había preparado desde el día en que se le había prohibido usar aquel traje rojo símbolo de ilusión, desde el día en que la Sra. Claus había escapado con su abogado, sentía una rabia inmensa al ver que se lucraba con su imagen por aquella refresquera llena de mensajes subliminales y que los padres de los pequeñines les digieran a cierta edad que Santa Claus no existía, que era un personaje ficticio y que ellos daban los regalos en realidad. Le molestaba que robaran sus créditos y estaba harto, esa navidad todos debían pagar el mal que le hacían.
El espíritu navideño real, se había perdido con los años.
Ahora Navidad solo era una palabra sin un significado decente, ahora era sinónimo de comercio, envidia, avaricia y muchas cosas más que brotaban como gusanos en la comida podrida en estas fechas decembrinas.
Nadie sospechaba lo que está Navidad ocurriría, Santa Claus tenía una sorpresa para los habitantes del mundo que habían perdido la fe y la armonía.
Una sorpresa que había preparado desde el día en que se le había prohibido usar aquel traje rojo símbolo de ilusión, desde el día en que la Sra. Claus había escapado con su abogado, sentía una rabia inmensa al ver que se lucraba con su imagen por aquella refresquera llena de mensajes subliminales y que los padres de los pequeñines les digieran a cierta edad que Santa Claus no existía, que era un personaje ficticio y que ellos daban los regalos en realidad. Le molestaba que robaran sus créditos y estaba harto, esa navidad todos debían pagar el mal que le hacían.
El trineo salió como chispa por los aires, repleto de cajas de regalo, los duendecillos fumaban mientras reían y veían el rostro de Claus disgustado. Los primeros lugares donde se depositaron las cajas de regalo más grande fueron las empresas y almacenes de la refresquera de etiqueta roja y letras blancas, después siguieron los árboles de los hombres y adolecentes que algún día creyeron en la magia navideña y hoy dormían sin recordarla. El siguiente punto fueron los árboles familiares, se depositaron los regalos para los infantes que todo el año se portaban mal y dos o tres días antes de noche buena fingían sonrisitas alegres con tal de recibir sus regalos.
La noche de entrega fue larga, el sol comenzaba a extender sus rayos por el mundo entero, los regalos habían sido repartidos en cada hogar.
Todos los habitantes corrieron abalanzándose sobre sus regalos, que felicidad debía darles verlos tan bien envueltos con grandes moños y de tantos colores.
¡Vaya sorpresa al abrirlos! Gusanos en un carrito de control remoto, un líquido verdoso brotando de una muñeca de plástico, arañas enormes caminando sobre el juego de ajedrez, siendo esto lo menos detestable por así decirlo.
Los regalos que se entregaron en los almacenes de la refresquera contenían bombas que no tardarían mucho en explotar.
Cada regalo llevaba una nota diciendo lo siguiente:
La noche de entrega fue larga, el sol comenzaba a extender sus rayos por el mundo entero, los regalos habían sido repartidos en cada hogar.
Todos los habitantes corrieron abalanzándose sobre sus regalos, que felicidad debía darles verlos tan bien envueltos con grandes moños y de tantos colores.
¡Vaya sorpresa al abrirlos! Gusanos en un carrito de control remoto, un líquido verdoso brotando de una muñeca de plástico, arañas enormes caminando sobre el juego de ajedrez, siendo esto lo menos detestable por así decirlo.
Los regalos que se entregaron en los almacenes de la refresquera contenían bombas que no tardarían mucho en explotar.
Cada regalo llevaba una nota diciendo lo siguiente:
“¡Feliz Navidad!, la última de sus navidades…”
Me gustaría contar a lujo de detalle lo que paso después de todo esto, pero creo que ya se deben imaginar lo ocurrido. Los niños destrozaron los juguetes al ver las cosas tan abominables que llevaban incluidas, recuerdo que durante semanas las amas de casa no terminaban de sacar gusanos y cucarachas de los muebles, las arañas y ratas invadieron los jardines y las plagas terminaron con los invernaderos.
Los almacenes de la refresquera explotaron dejando el refresco negro escurriendo por los alrededores. La empresa fracaso.
Santa estaba satisfecho con su trabajo, durante años había tenido que soportar toda clase de cosas y ahora una ligera sonrisa se dibujaba mientras desde el Polo Norte miraba al mundo entero llorar sus tragedias, esbozar asco y temor.
El absorbía un tabaco de los que fuman los vaqueros, pensando en tomarse unas severas vacaciones.
Al fin la Navidad había terminado… ¡Para Siempre!
Me gustaría contar a lujo de detalle lo que paso después de todo esto, pero creo que ya se deben imaginar lo ocurrido. Los niños destrozaron los juguetes al ver las cosas tan abominables que llevaban incluidas, recuerdo que durante semanas las amas de casa no terminaban de sacar gusanos y cucarachas de los muebles, las arañas y ratas invadieron los jardines y las plagas terminaron con los invernaderos.
Los almacenes de la refresquera explotaron dejando el refresco negro escurriendo por los alrededores. La empresa fracaso.
Santa estaba satisfecho con su trabajo, durante años había tenido que soportar toda clase de cosas y ahora una ligera sonrisa se dibujaba mientras desde el Polo Norte miraba al mundo entero llorar sus tragedias, esbozar asco y temor.
El absorbía un tabaco de los que fuman los vaqueros, pensando en tomarse unas severas vacaciones.
Al fin la Navidad había terminado… ¡Para Siempre!
Una historia de: Octavio Arriaga y Beth /Doc. Marshall
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