Es verdad que juzgamos en los demás, lo qué muy en el fondo somos.
Al final de la historia el mejor juez es nuestra propia conciencia.
Al final de la historia el mejor juez es nuestra propia conciencia.
“Ese olor detestable cubriendo todo el departamento, ese ser mirándome, gimoteando, arrastrando su cuerpecillo por toda la habitación tratando de darme alcance.”
Entré silenciosamente esbozando recelo, encendí la lámpara de la sala y caminé hasta la barra para servirme vino blanco, las manos me sudaban, podía sentir como mis piernas flaqueaban, mis ojos buscaban con suspicacia algún movimiento en el sillón raído. Encendí un cigarrillo y prendí la radio; las mismas noticias aburridas de siempre.
Algo o alguien se movió con gran habilidad, pasando de el cuarto de baño a la habitación principal, incrédulo me senté a escuchar las palabras del locutor, a mirar el techo mientras fumaba.
- Está situación es trivial.- Me dije mentalmente.
Cerré los ojos, el sonido de un objeto de vidrio cayendo en la cocina me hizo levantarme sobresaltado, caminé lento por el pasillo hasta llegar a la cocina, de golpe abrí la puerta de esta, pero ahí no se encontraba nadie. La ventana se había abierto con una fuerte oleada del viento, azotándose contra los vasos de vidrio y moviendo el mueble donde se hallaban.
Después de recoger los vidrios, me dirigí a la sala nuevamente, me detuve ante el enorme espejo a mirar mi apariencia desaliñada.
- Tienes un rostro impávido- aclare como tratando de darme valor a mí mismo.
Pero ¿A quién le mentía? El temor estaba carcomiendo mis entrañas.
De pronto la vi, arrastrándose lentamente hacia mí, retorciéndose mientras ese líquido asqueroso brotaba de su cuerpo.
Ese olor detestable cubriendo todo el departamento, ese ser mirándome, gimoteando, arrastrando su cuerpecillo por toda la habitación tratando de darme alcance.
Titubeando me acerque, con los vidrios aún en la mano y se los arroje creyendo que le harían algún mal, la bestia comenzó a reír.
Jamás escuche una risa tan macabra como la de esa cosa, de pronto unas palabras se escucharon provenientes de él, o eso, lo que fuera.
De pronto la vi, arrastrándose lentamente hacia mí, retorciéndose mientras ese líquido asqueroso brotaba de su cuerpo.
Ese olor detestable cubriendo todo el departamento, ese ser mirándome, gimoteando, arrastrando su cuerpecillo por toda la habitación tratando de darme alcance.
Titubeando me acerque, con los vidrios aún en la mano y se los arroje creyendo que le harían algún mal, la bestia comenzó a reír.
Jamás escuche una risa tan macabra como la de esa cosa, de pronto unas palabras se escucharon provenientes de él, o eso, lo que fuera.
- Me observas y jusgas como a una pesadilla, te doy asco, me aborreces. Pero te aborreces a ti mismo, pues esto que vez, es tú por dentro. No soy ninguna bestia, soy peor que eso, soy tu conciencia, tu verdugo; condenado estas a pasar tu vida cargándome en tu cabeza.-
- Maldito – Grité abalanzándome contra la cosa, pero antes de llegar, me atrapo entre su cuerpecillo repugnante y asfixio todas mis ganas de asesinarlo.
Por ser un asesino hoy día vivo atado a esta pesadilla.
Beth/Doc. Marshall
genial vieja muy buena obra sigue asi haciendo mas historias de drama arte y miedo
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