La magía existe de ello no tengo duda, y es la misma magía quien cruza los caminos de dsitintos individuos, aunque no siempre los ponga en sus mejores circunstancias.
La última calada
Los golpes sonaban horrorosamente constantes, Roy tembloroso encendía su ultimo cigarrillo… sabía que el final se acercaba, pronto ellos romperían la puerta y moverían la frágil barricada que se suponía debía protegerlo y seguirán por el pasillo hasta llegar al ultimo cuarto, ahí sería solo cuestión de tiempo el que tiraran la puerta.
En la habitación calada tras calada de su último cigarrillo Roy escuchaba tembloroso su horroroso destino. Frente a él, la sombra de lo que algún día fue una hermosa mujer se mecía por el cuello con una soga atada a un gancho grueso de hierro que sobresalía del techo. A su lado, una fotografía de dicha mujer en los brazos de un hombre, sonrientes…felices.
Roy contemplo la fotografía mientras daba una larga calada, se pregunto el motivo por el cual aquella mujer decidió colgarse, cuanto habría sufrido, quien se habría ido de su vida tan pronto y súbitamente que no le dejo lugar a un consuelo. Tras un punzada en el pecho lo supo, y recordó los cuatro maravillosos años que vivió al lado de Gretel, sus planes y sueños, realizados y venideros. Y visualizó un candelabro que retozaba en su habitación y que los miro tantas noches hacer el amor, colgado en un gancho grueso de metal como del que pendía el cuerpo de aquella mujer triste.
Su pensamiento lo llevo a lugares tan bellos de los que nunca quiso haberse despedido. Se oyó el crujir de la puerta y como la frágil barricada se iba abajo, todos aquellos recuerdos se fueron de la misma forma que llegaron como suspiro de viento, Roy dio una calada profunda cerrando los ojos… al abrirlos hallose el cuerpo de la mujer retorciéndose pendida del gancho, soltando graves alaridos y chorros de saliva con los brazos suspendidos y buscando algo. A Roy se le dibujo una sonrisa y dio la ultima calada a su cigarrillo mirando a aquella mujer que revivió su pasado. La colilla dejo ir el último hilillo de humo.
Supo que era su fin, los golpes horrorosamente constantes sonaba justo encima de él.
Octavio Arriaga
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