viernes, 14 de enero de 2011

Blanco. Rojo.

Mientras la ciudad duerme, hay una melodía en el aire al mismo tiempo en que la blanca nieve desciende.

Mientras las campanillas resuenan en las casas abrigadoras, en las calles una sombra burdamente se mueve; a paso lento, observa a un abuelo recitar cuentos de Navidad a su nieto; a paso lento, huele el fresco y seductor olor de las cenas.

La sombra solo voltea, como sintiendo una vieja gloria al ver a aquellas personas; se envuelve en su gabardina gris y sigue su peregrinar nocturno.

Ya la ciudad ha quedado envuelta un manto claro y la melodía siniestra. Se supone que el viejo de rojo ya debe estar bajando por las chimeneas; se supone que los regalos ya deben estar bajo los árboles adornados tan barrocamente; se supone que los amantes deben estar en el lecho gimiendo de placer…

Dentro de toda esta algarabía, la sombra sigue y sigue; sus ropajes, arrastrándose tan pesadamente en la nieve, le dan apariencia de espectro venido del mismo Tártaro. Parece ser que no tiene objetivo alguno y que busca simplemente vagar solo. Más, ¿nosotros que podemos saber de lo que quiere?. Y es que en realidad, lleva un buen tramo siguiendo a una mujer; parece ansioso con alcanzarla, pero no lo hace.

No pasa mucho cuando, la fémina, sintiendo una tiniebla en sus delicados tobillos, aprieta el paso; la nieve  cruje con especial ahínco cada vez que  ella acelera, pero es más angustiante escuchar que la presencia de atrás se mueve con el mismo ritmo…

Súbitamente hay un ruido. Fue un disparo. Una grieta roja se abre paso entre la suave nieve. La mujer tiembla, con los ojos saltones y tartamudeando…la sombra, el sujeto que la seguía, era un pobre viejo, y, agonizando, saca una noche buena  aplastada, y dice: - feliz….¡¡¡ggg!!…Navidad hija…..-
Después de este corto diálogo, alcanza a vomitar todavía algunos hilos de sangre, solo para finalmente cerrar sus tristes ojos.

La mujer, con una boca abierta de par en par, aúlla locamente, y corre junto a los despojos del viejo. Al ver que no puede hacer nada, manotea, creando una breve lluvia de copos de nieve. Y, resignada a todo, toma el arma, diciendo entre punzantes lagrimas -Feliz navidad…-



ALDO RUIZ.

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